La Copa Dorada
La Copa Dorada —Pues, bueno, quizá todo quede reducido a esto. Si soy desdichada es que estoy celosa. Quizá sea la misma cosa. Por lo menos, ante usted esta palabra no me da miedo. SÃ, estoy celosa, vivo atormentada, y más atormentada todavÃa porque estoy indefensa. Cuando estoy atormentada e indefensa, me meto un pañuelo en la boca y lo conservo en la boca la mayor parte de la noche y del dÃa. Por lo menos ante usted me he sacado el pañuelo de la boca, y aquà me tiene chillando.
Hizo una pausa, y terminó su parlamento diciendo:
—Están fuera y no pueden oÃrme, y por una milagrosa circunstancia no almuerzo con mi padre. Vivo constantemente rodeada de milagrosas circunstancias, aunque reconozco que la mitad de ellas son obra mÃa. Camino de puntillas, presto atención a todos los sonidos, mido mi aliento y, al mismo tiempo, procuro en todo momento causar la impresión de ser suave como antiguo satén de color rosa. ¿Ha pensado alguna vez que me hallara en este caso?
Su amiga sintió evidentemente la necesidad de expresarse con claridad:
—¿Celosa, desdichada y atormentada?
Y la señora Assingham, después de una pausa, prosiguió: