La Copa Dorada

La Copa Dorada

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—¿«Todavía no explicada», querida? Todo lo contrario, explicada, plena, intensa y admirablemente explicada, sin necesidad de añadir nada más. Realmente, no quiero saber nada más. Con lo que sé tengo más que suficiente para pensar y actuar.

La señora Assingham siguió allí, sumida en su relativa ignorancia, dándose cuenta de que realmente le faltaban muchos eslabones, aunque el más aceptable efecto radicaba singularmente en un frío temor a acercarse a la verdad. Fanny dijo:

—¿Y cuándo regresen a casa? Quiero decir que él subirá aquí con usted y entonces la verá.

Después de escuchar estas palabras, Maggie dio visibles muestras de sopesar; luego efectuó un lento y extrañísimo movimiento negativo con la cabeza y dijo:

—No lo sé. Quizá Americo jamás la vea, si es que la copa se queda aquí esperándole. Quizá mi marido jamás vuelva a entrar en esta estancia.

Las dudas de Fanny fueron ahora profundas:

—¿Jamás? ¡Oh…!

Serenamente, Maggie repuso:

—Sí, puede ser. ¿Cómo voy a saberlo? ¡Con esto aquí!

Al decir estas palabras, Maggie volvió a mirar el acusador objeto, y Fanny Assingham quedó maravillada de lo mucho que tan breves palabras expresaban ante ella la situación de la Princesa. Fanny dijo:


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