La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Se propone no decirle nada?
Maggie esperó un poco y preguntó:
—¿No decirle?
—¿No decirle que tiene esta copa, ni hablarle de lo que representa, según usted?
—Creo que no le diré nada si él no me dice nada. De todas maneras, el hecho de que se mantenga alejado de aquà ¿qué es sino algo equivalente a hablar? Realmente mi esposo no puede decir más.
Maggie hizo una pausa; en tono diferente, en uno de los tonos que ya habÃa impresionado profundamente a su amiga, añadió:
—No soy yo quien debe hablar. A mà me toca escuchar.
La señora Assingham sacó una conclusión:
—En ese caso, ¿todo depende de este objeto del que usted tiene razones para considerar que constituye una prueba?
—Creo que puedo decir que soy yo quien depende del objeto. Ahora bien, no puedo estimar que no signifique nada.