La Copa Dorada

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—Si semejantes cosas mediaban ya entre ellos en aquel tiempo, esto basta para disipar toda posible duda acerca de lo que puede haber ocurrido entre ellos desde entonces. Si anteriormente nada hubiera habido, ahora cabría la posibilidad de alguna explicación. Pero ahora hay demasiado que explicar. Y me refiero a explicaciones que les eximan de culpa.

Fanny Assingham estaba allí para dar explicaciones y de ello tenía plena conciencia, por lo menos hasta el presente así había sido. Sin embargo, a la luz de la argumentación de Maggie, lo que era preciso exculpar, incluso teniendo en cuenta la vaguedad que Maggie empleaba, parecía de más envergadura que en cualquier otro momento. Además, prescindiendo de la vaguedad o de la exactitud de ella, el efecto que producía cada minuto que Fanny Assingham pasaba en aquel lugar era ponerla más y más cerca de lo que Maggie veía. La propia Maggie veía la verdad, y esto bastaba, mientras las dos estaban juntas, para que ella también entrara en relación con esa verdad. El modo en que la Princesa se enfrentaba con aquella verdad estaba dotado de tal fuerza que los detalles de lo que conociera o no conociera carecían de importancia. En realidad, la necesidad que de preguntar detalles tenía Maggie le causaba algo parecido a una pasajera vergüenza. Al cabo de un rato, la señora Assingham dijo:


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