La Copa Dorada
La Copa Dorada —SÃ, deseaba ayudar a Charlotte. Pero también deseaba ayudarla a usted, no desenterrando un pasado sobre el que se habÃan acumulado tantos hechos que yo consideraba profundamente enterrados.
Y declaró, en modo alguno cicatera:
—Deseaba, como sigo deseando, ayudar a todos.
Estas palabras pusieron una vez más a Maggie en movimiento, movimiento que cesó dando, con ello, súbito énfasis a sus palabras:
—En este caso, si todo comenzó tan bien, ¿la culpa es en gran parte mÃa?
Fanny Assingham contestó lo mejor que pudo:
—Sólo se la puede acusar de ser excesivamente buena, de haber pensado excesivamente…
Pero la Princesa ya habÃa dado su interpretación a estas palabras:
—¡SÃ, he pensado demasiado!
Y Maggie causó la impresión de que fuera a continuar exponiendo en toda su extensión este error en el que habÃa incurrido. En realidad, gracias a esta orientación de su pensamiento, lo vio todo con claridad en un instante:
—¡He pensado demasiado en él!