La Copa Dorada
La Copa Dorada —Sin embargo, la buena fe de Americo era perfecta.
Después de esta declaración, la señora Assingham añadió:
—Y además, de nada se podÃa acusar a su padre.
Esta declaración dejó a Maggie parada durante unos instantes, después de los cuales dijo:
—De nada, salvo quizá de estar al tanto de que ella lo sabÃa.
—¿«SabÃa»?
—Que él lo hacÃa por mà en gran parte.
De repente Maggie preguntó a su amiga:
—¿Hasta qué punto cree que estaba al tanto de que ella lo sabÃa?
—¡Ah…! ¿Quién puede decir lo que pasa entre dos personas que sostienen una relación de esta naturaleza? Lo único de lo que estoy segura es que fue generoso.
Esbozó una concluyente sonrisa, y remató sus palabras con las siguientes:
—Sin duda alguna, sabÃa cuanto le convenÃa saber.
—Y cuanto a ella le convenÃa que supiera.
Ahora Fanny declaró: