La Copa Dorada
La Copa Dorada La señora Assingham sostenía la copa en la mano de manera que suscitó la atención de Maggie, quien se percató de la excitada intriga con que miraba la copa. Esto tuvo la virtud, aunque fuera extraño, de revelarle a Maggie que Fanny Assingham, llevada por la libertad que se había concedido, había adquirido expresión intencionada, y esta expresión patente en sus ojos quedó acentuada cuando Maggie le dirigió una frase de advertencia:
—El objeto es valioso, pero tiene una tara. Según me han dicho está agrietado.
—¿Agrietado? ¿El oro?
—No es oro.
Dichas estas palabras Maggie sonrió, lo cual no dejó de ser extraño, y añadió:
—En esto radica todo.
—¿Qué es, pues?
—Vidrio y, además, agrietado bajo la capa dorada.
—¿Vidrio? ¿Con lo que pesa?
—Bueno, en realidad es cristal, y en otros tiempos fue un objeto muy valioso. ¿Qué le parece?