La Copa Dorada

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Además, intenso, y súbito había sido esta tarde el casi confesado deseo de descansar los dos juntos un poco, como si a ello les impulsara una tensión durante largo tiempo experimentada, aunque jamás mencionada, de descansar hombro con hombro, la mano en la mano, y la mirada ansiosa en la mirada ansiosa —¿quién lo expresó así?— liberados de fatigas y protegidos de tal manera que la debilidad de los dos no pudiera ser descubierta por la otra pareja. Dicho en pocas palabras: era como si realmente la felicidad interior de ser una vez más, aunque quizá sólo por media hora, sencillamente padre e hija, se les hubiera presentado resplandeciente, y hubieran escogido el pretexto que más fácilmente podía convertirla en realidad. Eran marido y mujer —¡intensamente!— con respecto a otras personas, pero tan pronto se hubieron sentado en el viejo banco, conscientes de que el grupo reunido en la terraza, aumentado con la presencia de unos vecinos, al igual que en el pasado, se divertiría sin necesidad de que ellos estuvieran presentes, se sintieron ambos maravillosamente bien, como si se hubieran embarcado en una barquichuela y remando se hubieran alejado de la playa, en donde maridos y esposas y retorcidas complicaciones daban al aire la sensación de una naturaleza en exceso tropical. En la barquichuela eran padre e hija, y las pobres Dotty y Kitty representaban, para padre e hija, los remos o la vela. Y siendo así, ¿por qué razón pensó Maggie, no podían vivir siempre, mientras los dos vivieran, juntos en una barquichuela? Al formularse esta pregunta, sintió en el rostro el soplo de una posibilidad que la tranquilizó: les bastaba con conocerse el uno al otro, a partir de ahora, en cuanto personas sin relación de matrimonio con otras. En aquella deliciosa tarde, anterior en el mismo lugar, el señor Verver estaba tan lejos de estar casado como se pueda estar, lo cual reducía, y valga la expresión, la cuantía del cambio de uno y otra. A fin de cuentas siempre, pasara lo que pasara, se tenían el uno al otro; ésta era la verdad redentora y el tesoro oculto para hacer exactamente lo que quisieran, lo que representaba una gran reserva de posibilidades.


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