La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Te acuerdas de que cuando estuvieron aquà te dije que dudaba que nosotros lo hubiéramos alcanzado?
El señor Verver hizo cuanto pudo para recordar:
—¿Que hubiéramos alcanzado una situación social, quieres decir?
—SÃ, después de que Fanny Assingham me dijera por vez primera que si seguÃamos llevando la misma vida nunca la tendrÃamos.
—Lo cual fue lo que nos puso sobre la pista de Charlotte.
SÃ, habÃan comentado aquello tan a menudo que poco le costaba al señor Verver acordarse.
Maggie hizo otra pausa, dándose cuenta de que su padre podÃa afirmar y reconocer, sin rebozo alguno, que en aquel momento crÃtico se habÃan puesto sobre la pista de Charlotte. Era como si este reconocimiento hubiera sido calificado por los dos de fundamental a fin de examinar honradamente los logros de su vivir. Maggie prosiguió:
—Pues bien, de Kitty y Dotty todavÃa recuerdo que si en aquel entonces hubiéramos estado más «situados», o como sea que se llame eso que ahora somos, no habrÃa sino una excusa para preguntarme a santo de qué los demás no podÃan hacerme sentir más importante por tener ellos ideas más mezquinas. SÃ, porque ésta era la sensación que solÃamos tener.