La Copa Dorada
La Copa Dorada —Y yo contesté que habÃa perdido mi posición al contraer matrimonio. Y que aquella posición, recuerdo muy bien mi manera de pensar a la sazón, jamás la recuperarÃa. Le habÃa hecho yo algo a aquella posición, aunque no sabÃa qué. HabÃa renunciado a ella y, sin embargo, como se pudo ver entonces, no habÃa conseguido compensación alguna por ello. Nuestra querida Fanny siempre me habÃa asegurado que podÃa conseguirla, pero para ello tenÃa que despertar. Por esto intentaba despertar, lo intentaba con todas mis fuerzas.
—SÃ, y hasta cierto punto lo conseguiste, y también conseguiste despertarme a mÃ. Pero diste gran importancia a la dificultad con que te tropezabas para conseguirlo.
Y el señor Verver añadió estas palabras:
—Es el único caso que recuerdo, Mag, en que has dado importancia a una dificultad.
Maggie le miró en silencio durante unos instantes, y dijo:
—¿La dificultad de ser muy feliz?
—SÃ, ésa.
Maggie le recordó:
—Bueno, tú dijiste que era una buena dificultad. Confesaste que nuestra vida tenÃa todas las apariencias de ser bella.
El señor Verver pensó unos instantes y dijo: