La Copa Dorada
La Copa Dorada —SÃ, es muy posible que lo confesara; asà me lo parecÃa.
Pero, protegiéndose con su leve y fácil sonrisa, el señor Verver preguntó:
—¿Y qué pretendes decirme con eso?
—Sólo que a menudo dudábamos; que, en aquel entonces, solÃamos preguntarnos si nuestra manera de vivir no era un poco egoÃsta.
También esto fue objeto de la reflexión, con mucha calma, del señor Verver:
—¿Debido a que asà lo creÃa Fanny Assingham?
—No, no; Fanny jamás pensó semejante cosa. Es incapaz de tener esa clase de pensamientos. A lo sumo, en algunas ocasiones, piensa que la gente es insensata.
Maggie explicó estas palabras:
—Fanny nunca piensa que la gente sea mala, mala en el sentido de malvada.
A lo cual la Princesa se aventuró a añadir:
—A Fanny no le importa que la gente sea malvada. El señor Verver dijo:
—Comprendo, comprendo.
Sin embargo, a juzgar por las palabras que el señor Verver dijo a continuación, su hija estimó que en realidad no comprendÃa tanto como habÃa afirmado:
—En este caso, ¿Fanny sólo nos considera insensatos?