La Copa Dorada
La Copa Dorada —Querida, ¿te has encontrado alguna vez en el caso de que algo proyectado por ti, ideado por ti, resulte imposible?
Estas palabras provocaron la inmediata contestación de su esposa:
—¡Esto no lo proyecté yo! ¡No, yo no he traÃdo aquà a Charlotte!
—¿Esperabas que la muchacha se quedara allà toda la vida, sólo para complacerte?
—Ni mucho menos. No me hubiera preocupado en absoluto su llegada después del matrimonio. Que haya venido antes del matrimonio es lo que me preocupa.
Incongruentemente, añadió:
—Lo lamento por ella, lo lamento mucho. Desde luego, no le gustará. Realmente, no sé qué extraña perversidad la ha poseÃdo. No tenÃa necesidad alguna de enfrentarse cara a cara con ese matrimonio, y supongo que no lo hace simplemente para disciplinarse. Casi equivale, y esto es lo más molesto, a aplicarme la disciplina a mÃ.
Bob Assingham dijo:
—Quizá lo haya hecho con ese fin. Por el amor de Dios, acéptalo como un acto disciplinario y da por terminado el asunto.
Después de una pausa, añadió:
—También yo lo aceptaré asÃ.