La Copa Dorada
La Copa Dorada —El carácter excepcional no consistirá en vivir con nosotros, supongo yo.
—No puede vivir con nosotros ni con nadie. Ésta es la verdad. No puede vivir constantemente de visita en casas ajenas. Y además tampoco quiere.
Incluso en el caso de que pudiera, la nobleza de su carácter se lo impedirÃa. Pero, tarde o temprano, forzosamente vivirá invitada en casa de ellos. Maggie la invitará, Maggie la obligará. Además, la propia Charlotte sentirá deseos de que la inviten.
El coronel preguntó:
—En este caso, ¿por qué no aceptas que éste es el fin con el que Charlotte ha venido?
Igual que si no le hubiera oÃdo, la señora Assingham prosiguió:
—No es posible, no es posible… Y por esto no hago más que dudar y dudar.
—Pues a mà me parece una solución perfecta.
Ella siguió meditando:
—Dudo y me pregunto si no habrá resucitado ahora una parte del pasado. ¿Cómo va a ser posible?
—Pues me atrevo a decir que será perfectamente posible sin necesidad de que te tortures y te retuerzas las manos.
Después de decir estas palabras, el coronel dio una chupada a la pipa; tan pronto como pudo, prosiguió: