La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Hicieron? Enamorarse el uno del otro, pero al ver que no era posible renunciaron mutuamente.
—¿Y dónde está la aventura romántica?
—En su frustración, en tener la valentÃa de enfrentarse con la realidad.
El coronel prosiguió su interrogatorio:
—¿Qué realidad?
—Bueno, pues, para empezar, ninguno de los dos tenÃa los medios precisos para contraer matrimonio. Si ella hubiera tenido algo, un poco, un poco para vivir los dos, quiero decir, creo que él hubiera tenido la valentÃa de casarse.
Después de esto, como su marido se habÃa limitado a emitir un vago y extraño sonido, corrigió sus palabras:
—Quiero decir si él hubiera tenido algo, un poco, un poco más que un poco, un poco para un PrÃncipe.
Meditó y trató con justicia a la pareja:
—En este caso, habrÃan hecho lo que hubieran podido, si hubiera habido modo. Pero no habÃa modo, y Charlotte tuvo la nobleza, a mi parecer, de reconocerlo. El PrÃncipe necesitaba dinero. Era una cuestión de vida o muerte. Además, no habrÃa sido divertido, ni mucho menos, casarse con él, siendo éste un pobre de solemnidad, quiero decir, permitiendo que siguiera siéndolo. Esto es lo que ella —y él— tuvieron la sensatez de comprender.