La Copa Dorada

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—Si no le hubiera creído, no habría querido tener el más leve trato con él; quiero decir, en relación con el asunto que nos ocupa. Pero el Príncipe es un caballero; quiero decir que es tan caballero como se debe ser. Y, además, nada podía ganar mintiendo, lo cual siempre ayuda a un caballero a portarse como un caballero. Yo fui quien le habló de Maggie, en mayo hizo un año. El Príncipe jamás había oído hablar de ella. El coronel observó:

—En este caso, es grave.

Dubitativa, la señora Assingham preguntó:

—¿Grave para mí, quieres decir?

—Que todo es grave para ti lo hemos dado por supuesto desde un principio y, fundamentalmente, de eso estamos hablando. Quiero decir que es grave, o lo fue, para Charlotte. Y es grave para Maggie. Mejor dicho, lo fue cuando el Príncipe la conoció. 0 cuando ella conoció al Príncipe.

—No puedes atormentarme tanto como quisieras, debido a que no piensas en nada en lo que yo no haya pensado mil veces ya, y debido a que yo pienso en cosas en las que tú jamás pensarás. Todo habría sido grave si no hubiera sido impecable.

Dichas estas palabras, observó:

—No caes en la cuenta de que llegamos a Roma a finales de febrero. El coronel le dio toda la razón:

—En esta vida, no caigo en la cuenta de nada.


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