La Copa Dorada
La Copa Dorada Sin embargo, era evidente que ella caía en la cuenta de todo en esta vida, cuando era necesario. Ahora dijo:
—Charlotte, que había estado en Roma aquella temporada, desde noviembre, se fue repentinamente, como recordarás, hacia el diez de abril. Debía quedarse más tiempo, debía quedarse porque nosotros estábamos allí. Y, con más razón todavía, debía quedarse porque los Verver, que fueron esperados durante todo el invierno, pero cuya llegada se demoró semana tras semana porque no acababan de decidirse a dejar París, por fin iban a trasladarse realmente a Roma. E iban a Roma, mejor dicho, Maggie iba a Roma, principalmente para ver a Charlotte y, sobre todo, para estar con ella allí. Pero Charlotte se fue a Florencia, con lo que todo quedó trastornado. Se fue de la noche a la mañana. No recuerdas nada. Dio sus razones, pero en aquel entonces la actitud de Charlotte me pareció rara. Tuve la sensación de que algo había ocurrido. El problema consistía en que, a pesar de que yo sabía un poco de lo ocurrido, no sabía lo suficiente. Ignoraba que la relación de Charlotte con el Príncipe hubiera sido una cosa «gorda», como tú dices, es decir, ignoraba lo «gorda» que había sido. La partida de la pobre chica fue una huida. Se fue para salvarse.