La edad ingrata
La edad ingrata —Quiero decir que por ejemplo tiene una grandiosa idea del deber. ¡Jane opina que no tenemos solución!
—¿Solución?
—En lo que respecta a nuestras hijas, a nuestra vida familiar. Está endiabladamente irritada contra Tishy.
—¿Tishy? —Por un momento Brookenham pareció desorientado.
—Tishy Grendon… y contra su loca afición por Nanda.
—¿Siente una loca afición por Nanda?
—Estoy segura de que ya te conté que Nanda iba a pasar con ella la Semana Santa.
—Me parece que sà —se acordó Brookenham—, pero no mencionaste nada sobre una afición loca. Y ¿dónde está Harold? —continuó.
—Está en Brander. Es decir, estará allá a la hora de cenar. Acaba de marcharse.
—Y ¿cómo se las arregla para ir all�
—Caramba, cogiendo el ferrocarril sudoeste. Enviarán un cochero a recogerlo en la estación.
Durante unos instantes Brookenham pareció contemplar esta declaración a la árida luz de la experiencia:
—Sólo enviarán un cochero si hay que recoger a otros invitados más.
—Pues claro que habrá otros invitados más: incontables. Cuantos más haya, mejor para Harold.