La edad ingrata
La edad ingrata —¡Entre tú y yo en confianza, querida mÃa, y como de amiga a amiga, estoy segura de que nunca se te pasará por la cabeza que aquà ocurra algo grave!… Lo que le conté al pobre Mitchy —siguió para la duquesa— es la horrible opinión que tienes sobre mi autorización a que Nanda se vaya con Tishy… y, de hecho, sobre la cuestión global de cualquier relación entre jóvenes incasadas y jóvenes casadas. El señor Mitchett siente el suficiente interés por nosotros, Jane, para legitimar que yo lo haga partÃcipe de nuestra confianza en medio de una de nuestras dificultades. Por otra parte somos conscientes de tu buena intención, y a estas alturas no necesito decirte qué peso le atribuimos a tu opinión en todos los aspectos. En resumidas cuentas, para nosotros va a ser una dificultad, cara mia, ¿no te das cuenta?, si de repente resolvemos, bajo el conjuro de tu influencia, que nuestra hija debe romper una amistad: para nosotros va a ser una dificultad exponerle el asunto a la propia Nanda de tal forma que no podrá menos que concebir alguna sospecha sobre qué mosca es la que nos ha picado súbitamente. Luego estará la aún más espinosa tarea de exponérselo a la pobre Tishy. Y sin embargo, si su casa es un lugar intolerable, ¿qué otra cosa puede hacer servidora? Carrie Donner acude allà con frecuencia, y Carrie Donner es un ser aparte; pero ¿cómo vamos a pedirle incluso a un corderito como Tishy que renuncie a su propia hermana?