La edad ingrata
La edad ingrata —¡Y lo singular del caso es —exclamó Lord Petherton— que no cobra nada!
—No acepta ni una guinea en el momento de la consulta, pero todavÃa está por verse si un dÃa no comenzaréis a recibir facturas —replicó la duquesa—. Naturalmente ya sabemos que los achaques en que está especializada son los de maridos y esposas.
—¡Pues entonces hoy parece ser el dÃa de las esposas! —intervino el señor Mitchett en cuanto se apercibió, antes que los otros, de la ilustración que estaba a punto de recibir la imagen invocada por la duquesa.
—¡Lady Fanny Cashmore! —El mayordomo ya estaba otra vez en el ejercicio de sus funciones, y por lo visto el grupo (a excepción de la señora Donner, que permaneció sentada) percibió una vibración que lo hizo ponerse en pie de nuevo, y todavÃa más ágilmente que cuando la llegada de Aggie.