La edad ingrata
La edad ingrata Mitchy le dio vueltas a aquello:
—¿Contestado?
—En el altercado que, hace un rato, querÃa usted entablar conmigo. A lo que aludà hablando con la madre de Nanda fue al peculiar tipo de aspectos e intereses que Nanda se ve forzada a considerar a causa de las notables amistades que la señora Brook le tolera. Eso es todo… y no digo más. Ahora juzgue usted por sà mismo.
La duquesa se habÃa incorporado mientras hablaba, que es lo mismo que acababan de hacer la señora Donner y la señora Brookenham; y el señor Mitchett se puso en pie igualmente, reaccionando ante este último estÃmulo. La señora Donner se disponÃa a despedirse, y entre las tres mujeres relacionadas con tal circunstancia se produjo un intercambio de efusiones bastante curioso. Observando esto, de improviso el señor Mitchett se manifestó divertido:
—¡Por Júpiter, se dan besos… ella abraza a Lady Fanny! —Pero aún habÃa de crecer su hilaridad—: ¡Y al mismo tiempo Lady Fanny, por Júpiter, abraza a la señora Brook!
—¡Oh, todo esto me sobrepasa! —exclamó la duquesa; y el pequeño gemido de su desconcertado cerebro poseyó casi la severidad de una protesta.
—No tiene por qué: todo es como debe ser. ¡La señora Brook ha actuado!