La edad ingrata
La edad ingrata —¡Oh, mi querida niña, «arruinarlo todo»! —protestó Vanderbank mientras recibÃa de manos de ella una taza de té que pasarle a su amigo más maduro—. ¿Cuándo ha armiñado nada tu madre? Yo le mencioné que el señor Longdon deseaba conocerte, pero no dije nada sobre que el señor Longdon no echara de menos también al resto de la familia.
Del caballero mentado emanó un sonido de protesta un tanto informe, pero Nanda continuó desempeñando su cometido al tiempo que decÃa:
—Mamá me dijo que averiguase por qué el señor Longdon no ha vuelto a ir a visitarla. ¿Azúcar, señor Mitchy? ¿Es asà como se pregunta? ¿Tres terrones? Igual que yo, sólo que muchas veces yo echo cinco. —Mitchy habÃa avanzado a por su té; ella se lo entregó; luego agregó con sus ojos dirigidos hacia los del señor Longdon, en los que fácilmente se fijó—: Mamá me pidió que le preguntase a usted todo tipo de cosas.