La edad ingrata
La edad ingrata Desasido por el enamorado de Lady Julia, a su vez el joven asió a éste a fin de alentar la confianza:
—Es un rostro que deberÃa tener aquellos largos tirabuzones de 1830[13]. DeberÃa tener el resto del atavÃo personal: el abrigo de pieles, la forma del gorro, el vestido de muselina con adornos en forma de ramitas y las sandalias de cordones cruzados. HabrÃa debido venir montada en un tÃlburi verde claro y deberÃa ser una lectora de la Radcliffe. ¡Y todo para completar el Rafael!
El señor Longdon, que, aliviado por la exposición de sus sentimientos, habÃa comenzado a sobreponerse, miró intensamente a su compañero unos momentos:
—¡Cuánto la ha observado usted!
Vanderbank encaró aquello sin turbación:
—¿Es que hay alguien a quien yo no haya observado? ¿Le agrada Nanda? —preguntó entonces de un modo extraño y abrupto.
El anciano volvió a alejarse:
—¿Cómo puedo decirlo… ante tamañas disparidades?
—Los modales deben de ser diferentes —insinuó Vanderbank—. Y las cosas que Nanda dice.
Otra vez volvió a colocarse frente a él su visitante: