La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Él aguardó, pero sólo como para darle mayor peso a su respuesta:

—A más no poder. No soy capaz de expresarte cuánto me gusta.

Se quedó maravillada:

—Y ¿cómo va a ayudarme eso, si me haces el favor? Ayudarme, quiero decir, a ayudarte. ¿Es eso lo que debo contarle a tu esposa?

Él siguió sentado y apartó la mirada, mas saltaba a la vista que había tenido una idea, que por fin expuso:

—Caramba, ¿acaso no sería ésa justamente la solución? Precisamente ello demostraría mi pureza.

En el momentáneo silencio de ella habría podido haber un indicio de aceptación de aquello como una contribución práctica a su mutuo problema, y de hecho había varias luces bajo las cuales podía considerarse. De una rápida ojeada, la señora Brook escogió la luz irónica:

—Entiendo, entiendo. Por regla de tres podría arreglármelas para convencer a Lady Fanny de sentirse enamorada de Edward. Eso «demostraría» la pureza de ella. Y tú podrías respirar tranquilo —dijo riéndose—: ¡Edward no haría regalos de ninguna clase!

El señor Cashmore la miró con una franqueza que fue casi un reproche al jolgorio de su interlocutora:

—A tu hija la aprecio mucho más que a ti.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker