La edad ingrata
La edad ingrata La explicación de la anfitriona sobre el motivo del señor Cashmore para no marcharse se vio justificada hasta el punto de que Vanderbank —mientras el señor Longdon se acercaba hasta la señora Brook— pareció no hallar mayor dificultad en enredarse en una distinta conversación con él. Mientras tanto la dama en cuestión habÃa obligado a sentarse junto a ella a su anciano amigo, y su presente método de abordarlo habrÃa interesado a un observador enterado de la desconsolada convicción que ella acababa de estar expresando privadamente. Lo cierto es que algún indicio del atisbo de ello que tuvo el nuevo interlocutor del señor Cashmore habrÃa podido detectarse en la agitación que el deseo de Vanderbank de no interrumpir a la otra pareja no logró desterrar de su propia actitud. Empero, no es que la señora Brook le prestara la menor atención a esto mientras espetaba con celeridad: