La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Y ¿de qué se dio cuenta? —preguntó el señor Longdon, que no logró, empero, suprimir de su tono una cierta frialdad que de veras despojó de la debida dosis de curiosidad a la pregunta.

La señora Brook no dejó de experimentar el escalofrío de esto, pero siempre tenía a mano su arrojo:

—Caramba, de que ella no le agrada. —Tenía a mano el arrojo de avanzar tanto como el de retroceder—: También ella tiene su pequeño puesto en el circo: es la forma en que aquí nos ganamos el pan.

Por unos momentos el señor Longdon no dijo nada y cuando por último habló fue casi con un aparente ánimo de contradicción:

—Ella es tu madre vuelta a la vida.

Durante tres segundos, su anfitriona lo miró intensamente.

—¡Ah, pero con tan grandes desemejanzas! —exclamó—. Se sentirá desengañado —agregó ejecutando un compasivo ademán de negación.

Él miró exclusivamente hacia Vanderbank:

—Muy bien, mis desengaños son asunto mío. —Después su mirada retomó—: ¿Ella te contó que no me agradaba?

Fue notable la indulgencia de la visión que la señora Brook tuvo de la simpleza del anciano:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker