La edad ingrata
La edad ingrata —¿Creyó usted haber logrado ocultárselo? No importa: ella puede encajarlo. Creo que en verdad ella opina prácticamente igual que yo: que no importa a cuántos de nosotros odie usted con tal que no varÃe usted sus sentimientos hacia mamá. Dejarnos ver eso: es lo único que pedimos.
Nada habrÃa podido contener en mayor medida el bálsamo de la tranquilización, pero aquellas suaves gotas no dieron en el blanco apetecido:
—¿«Dejaros ver»? —¡Oh, cómo pronunció él la expresión!