La edad ingrata
La edad ingrata —Entiendo: usted no nos deja ver. ¡Es justamente lo que Nanda percibió que usted pensaba! Pero no puede usted impedir que nosotros lo veamos… de hecho no puede impedir, pienso, que ello influya sobre su propio comportamiento. Usted serÃa mucho más cruel con nosotros si no fuera por las aún calientes cenizas de su antigua pasión. —Fue una gran lástima que en este momento Vanderbank estuviera demasiado apartado para identificar, para su propia diversión, en el tono hondamente sapiente de la alusión de la señora Brook, gran parte del origen de la expresión del rostro de su anciano amigo. Hasta qué punto la propia habladora realizó esta identificación, es cosa que jamás se sabrá, asà como tampoco si cuando ella prosiguió le pareció estar mejorando su propio caso o simplemente arruinando cualquier esperanza—: La ventaja que tenemos es que para usted nunca podremos ser como cualquier otra gente corriente.
—Y ¿cuál es la ventaja que tengo yo?