La edad ingrata

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—Caramba, pero si hoy es viernes: Nanda ha debido de ir allí. Pero ¿se queda hasta tan tarde?

—Después ella planeaba ir a visitar a la pequeña Aggie: estoy intentando de esa forma, pese a las dificultades —explicó la señora Brook—, volver a unirlas. —Con una novedosa ocurrencia se dirigió al señor Longdon—: Debe usted conocer a la pequeña Aggie, la sobrina de la duquesa; no recuerdo si ya le ha sido presentada la duquesa, pero debe usted conocerla a ella también: hay muchísimas cosas en que, estoy segura, convendrá con usted. La pequeña Aggie es única —continuó—; lo entusiasmará; ella habría debido ser la nieta de mamá.

—Queridísima amiga, ¿cómo puedes pretender, o compararla siquiera por un momento…? —espetó el señor Cashmore—. La pequeña Aggie no me dice nada en absoluto.

—La pequeña Aggie no le dice nada a nadie —repuso serenamente la señora Brook—; tal es justamente su tipología y su encanto… justamente, sobre todo, su educación. —Luego apeló a Vanderbank—: ¿Acaso el señor Longdon no quedará impresionado ante la pequeña Aggie y no le parecerá interesante charlar acerca de todo ese asunto con la duquesa?

Vanderbank volvió junto a ellos riéndose, pero el señor Longdon usurpó su intervención:

—¿A qué asunto te refieres?


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