La edad ingrata
La edad ingrata —Huy —dijo la señora Brook—, a la cuestión global, ya sabe, de que las muchachas hagan o no una vida social intensa. La cuestión de que… vaya, ¿cómo suelen llamarlo?… se expongan. Se trata de la cuestión, por lo que parece: la cuestión del futuro; es rematadamente interesante, y en cualquier caso la duquesa es muy aficionada a ella. Desde luego Nanda está expuesta —prosiguió—, y tremendamente.
—Y ¿a qué diantres está expuesta? —requirió alegremente el señor Cashmore.
—¡Está expuesta a ti, se dirÃa, mi querido amigo! —Vanderbank habló con cierta perceptible incomodidad no tanto ante el hecho mencionado por él mismo cuanto ante el giro que habÃa tomado la conversación.
HabrÃa podido ser con casi compadecida reprobación de esta nota falsa como lo miró la señora Brookenham. La contestación de ésta a la pregunta del señor Cashmore, no obstante, le fue dirigida al señor Longdon:
—Está expuesta (lo cual es mucho peor) a mÃ. Pero Aggie no está expuesta a nada: nunca lo ha estado y nunca lo estará; y nosotros observamos expectantes para ver si la duquesa logra salir airosa.
—¿Por qué no —preguntó el señor Cashmore—, si no hay nada a lo que Aggie pueda estar expuesta salvo a la propia duquesa?