La edad ingrata
La edad ingrata Vanderbank vaciló, recordando algunos compromisos; lo cual le dio a la señora Brook tiempo de intervenir:
—¿No sabe usted vivir sin él? —le preguntó al más maduro de sus amigos.
Vanderbank la miró un instante.
—Creo que puedo pasarme por allà a última hora —le contestó entonces al señor Longdon.
—Creo que yo puedo pasarme por allà a primera hora —declaró el señor Cashmore—. La señora Grendon debe de tener un palco; de hecho yo sé cuál, y ellos no —continuó jocosamente para su anfitriona.
Mientras tanto la señora Brook le habÃa dado la mano al señor Longdon:
—Bien, de cualquier manera, pronto la chiquilla irá a visitarlo a usted. Y sola, desde luego —insistió ella—. Ahórrese las corteses expresiones de protesta: sé muy bien lo que hago.
—Ojalá realmente lo sepas —prorrumpió el insatisfecho señor Cashmore—. ¡Si eso es lo que se consigue por haber conocido a tu madre…!
—Ello no te habrÃa servido de nada a ti —replicó la señora Brook—. Y ¿no deberÃa usted decirle que eso es todo lo que puede conseguirse? —se lamentó compasivamente para su otro visitante.
Este último se volvió hacia Vanderbank con extraño semblante desencajado, y Vanderbank dijo: