La edad ingrata
La edad ingrata Nanda alabó para el señor Longdon el encantador sitio que ella acababa de abandonar, con la consecuencia de que enseguida ambos tomaron renovada posesión del mismo, encontrándose con que la belleza del panorama acrecía conforme avanzaba la tarde y se alargaban las sombras. Los dos convinieron amigablemente sobre este punto, lo cual, sin embargo, no los hizo divagar demasiado, pues al menos uno de los miembros de esta pareja era muy consciente, en este momento, de otros fenómenos distintos de los detalles silvestres y apacibles que permeaban el ambiente.