La edad ingrata
La edad ingrata —¿Quieres decir que si somos una nación de mercachifles ello no puede remontarse, en la escala en que lo demostramos actualmente, a hace sólo una semana? Sin duda, sin duda, y cuanto más se piensa en ello, más obvio parece que la alta sociedad (pues nosotros vivimos dentro de la alta sociedad, ¿no es cierto?, y ése es nuestro horizonte) jamás puede haber sido más que crecientemente vulgar. El quid está en que en la noche de los tiempos (y yo pertenezco, como ves, a la noche) la alta sociedad habÃa evidenciado mucho menos lo vulgar que podÃa ser. Sus miembros hacÃan lo que podÃan para ser vulgares, muy probablemente, pero se topaban con muchÃsimas supersticiones que tenÃan que respetar. Han ido tirándolas por la borda una tras otra, de tal modo que actualmente el barco navega desacostumbradamente ligero. Asà es como —y el anciano, fijos los ojos en la dorada lejanÃa, ingeniosamente prosiguió su razonamiento hasta el final— percibo yo los bandazos y cabeceos. Si yo no fuese un marinero francamente bueno…; aunque, tal como están las cosas, querida —se interrumpió con una carcajada—, bastante a menudo te muestro cómo he de asirme para no perder el equilibrio. —Jadeó tenuemente, en parte divertido y en parte angustiado, y luego se recuperó abruptamente haciendo una pregunta—: ¿A quién pertenece esta propiedad a fin de cuentas?