La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Sabe usted lo que pienso sobre Nanda? Tengo un especial deseo de hacérselo saber; ésa es la razón, a decir verdad, de que yo le haya echado a usted el guante así de violentamente. Nanda, mi querido amigo, debería casarse cuanto antes.

Esto era más interesante de lo que él se había esperado, y el efecto producido por su interlocutora, que a ella misma indudablemente no se le escapó, se manifestó en el reprimido sobresalto de él:

—Hasta ahora no había habido ningún motivo para que yo imaginara que tenía usted una opinión sobre este punto; pero yo mismo ya me había formado una, y no sé por qué no habría de declarar con franqueza que coincide asombrosamente con la que acaba usted de expresar. El casamiento de Nanda sería una cosa muy buena.

—¿Una cosa muy buena pero no de mi incumbencia? —La osadía de la duquesa no careció de amigabilidad.

Fue debido a esta circunstancia por lo que tal vez su compañero meditó un instante:

—Probablemente no me convenga decir eso: le proporcionaría a usted una fácil oportunidad de replicarme debidamente. Nada impide afirmar que es una cosa de su incumbencia tanto o más que de la mía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker