La edad ingrata
La edad ingrata —Oh, únicamente aludÃa —explicó Vanderbank— a que lo soy por haberte revelado mi secreto hace un instante. Sin embargo, por supuesto soy consciente —continuó para Mitchy— de que lo que hablemos entre nosotros, sólo entre nosotros quedará. Conque voy a contarte yo mismo de qué va exactamente todo el asunto. —La duración de la pausa que hizo a continuación terminó evidenciando que se habÃa quedado cortado; ante lo cual sus compañeros, mientras aguardaban, intercambiaron una mirada de entendimiento. Aguardaron un rato más, y luego él se dejó caer en una silla donde, echado hacia adelante, con los codos sobre los brazos del asiento y con la mirada fija en la alfombra, prolongó fi silencio. Por último miró a la señora Brook—: Acláralo tú.
Por alguna razón esta solicitud despertó en ella su tono más pueril:
—Creo que no puedo, querido Van, ofrecer una aclaración realmente clara. A estas alturas, sin embargo —continuó para Mitchy—, tú ya estarás bastante informado sobre el señor Longdon y mamá.
—¡Oh, ya lo creo! —exclamó Mitchy riéndose.
—Y sobre mamá y Nanda.