La edad ingrata
La edad ingrata —¿Es que alguna vez podéis ocultarme algo? Viene a ser lo mismo —dijo Mitchy—. Por lo demás, henos aquà juntos, unidos en todo: una sola gran inteligencia. Es claro que ese «alguien» del señor Longdon es Van. No intentéis tratarme como si fuese un extraño.
Una pizca estrafalariamente, aunque ello no fue más que la sombra de una sombra, Vanderbank paseó su mirada de uno a otra:
—¡Creo que más bien he sido un asno!
—En ese caso, dados los términos de nuestra amistad (como muy bien dice Mitchy), ¿qué podemos él y yo tener mayor derecho a saber y a compadecer? Naturalmente desearás, Mitchy, ¿no es cierto? —continuó la señora Brook—, enterarte de todo lo relacionado con eso.