La edad ingrata
La edad ingrata —Jamás, jamás. Nosotros seremos muy gentiles con él, lo ayudaremos, confiaremos y rezaremos por él, pero al final seguiremos —dijo la señora Brook— en el mismo punto en que estamos ahora. El querido Van habrá hecho todo lo posible, y nosotros habremos hecho todo lo posible. El señor Longdon habrá hecho todo lo posible; incluso la pobre Nanda habrá hecho todo lo posible. Pero todo habrá sido en vano. No obstante —continuó exponiendo la señora Brook—, probablemente ella sà recibirá el dinero. A buen seguro el señor Longdon considerará que si ella no se casa lo necesitará aún más que si se casa. Conque por lo menos eso —concluyó— habremos (quiero decir Edward y yo y la chiquilla) salido ganando.
Para llegar a una certidumbre comparable, Mitchy no precisó más que un instante de reflexión:
—Huy, no cabe duda acerca de eso. ¡No son moco de pavo las cosas respecto de las cuales ya podéis respirar tranquilos!… —explicó animadamente.