La edad ingrata
La edad ingrata —¡Desde luego ello significa mucho! —suspiró desahogadamente la señora Brook. Luego dijo en un tono diferente—: Lo que al final el querido Van descubrirá que no puede soportar será, ¿no te das cuenta?, precisamente la posibilidad de parecer haber aceptado un soborno. No querrá, por una parte (por consideración hacia Nanda), impedir que ella reciba el dinero; pero por otra no querrá que la cuestión pecuniaria aparezca mezclada en el asunto… dar la impresión, en definitiva, de que haya hecho falta pagarlo. Se parece a ti, ¿sabes?: es un orgulloso; y ahà será donde nos estrellaremos.
Mitchy habÃa estado escudriñando a su amigo, quien, visiblemente turbado unos minutos atrás, ahora se habÃa recobrado y, a sus anchas, aunque quizá con una sonrisa algo impostada, estaba recostado en su asiento y dejaba vagar la mirada por todas partes excepto por los semblantes de sus compañeros. Saltaba a la vista que en este momento Vanderbank deseaba hacer gala de un bienhumorado desapego.
—Vamos a ver —le dijo Mitchy—, recuerdo que una vez sà propusiste a mi consideración un caso no poco delicado.