La edad ingrata
La edad ingrata —Y supongo que se enterarÃa usted de que lo hizo —repuso Vanderbank.
—¡Me enteré bien pronto! —Tras esto, abruptamente, el señor Longdon hizo un movimiento hacia adelante—: Buenas noches, buenas noches.
—Buenas noches —dijo Vanderbank—. Pero ¿eso no fue después de lo de Lady Julia?
En el borde del sofá, apoyado en las manos, el señor Longdon lo encaró:
—Ya no volvió a haber nada después de lo de Lady Julia.
—Entiendo. —Su compañero sonrió—. Lo de mi madre fue anterior.
—Ella fue extremadamente amable conmigo. No estoy hablando de aquella temporada en Malvern eso tuvo lugar posteriormente.
—Perfectamente: ya me hago idea. Usted habla de los primeros años de la viudedad de mi madre.
El señor Longdon titubeó:
—Yo los llamarÃa más bien los últimos. Seis meses más tarde se produjo su segundo matrimonio.
Visiblemente se intensificó el interés de Vanderbank:
—Ah, ¿fue entonces? Por aquella época yo tenÃa siete años. —Recordó las circunstancias y las ensambló—: En tal caso ella debÃa tener más años que usted.