La edad ingrata
La edad ingrata —¿El sábado entonces? Gracias, mamá —contestó Nanda. Al instante ya habÃa salido, con lo cual la señora Brook dispuso de mayor atención que prestarle a su hijo. Esto se exteriorizó inequÃvocamente, pasado un momento, cuando se aproximó al sofá y alzó la mirada de la mesita contigua:
—¿Dónde diablos está el billete de cinco libras que habÃa aquÃ?
Con aire ausente Harold miró alrededor:
—¿Qué billete de cinco libras?