La edad ingrata
La edad ingrata —Ya. —Su amigo apreció aquello en toda su medida—. Y sin embargo lo que pasaba antiguamente… ¿qué sabes tú sobre eso?
—¿Yo personalmente? Bueno, he presenciado algunas transformaciones incluso en mi corta existencia. Y ¿acaso los libros antiguos no están colmados de nosotras? Por último, el propio señor Longdon me ha contado cosas.
Vanderbank fumó y volvió a fumar.
—¿Has profundizado mucho en ello en compañÃa de él? —inquirió.
—Tanto como puedan hacerlo juntos un hombre y una mujer.
Mientras él asimilaba esto apartando la mirada, habrÃa podido resonarle en los oÃdos el eco de todas las veces que en Buckingham Crescent habÃa sido comentado que Nanda era «asombrosa». Lo era indiscutiblemente.
—Oh, pero claro está que en ciertos aspectos él es pudoroso —apuntó él.
—Rematadamente… y admirablemente. Y además está Aggie —prosiguió la muchacha—. Quiero decir como vera imagen de lo antiguo.
—SÃ, no hay duda… presuponiendo que sea la vera imagen de lo antiguo. Pero ¿qué diantre es Aggie en realidad?