La edad ingrata
La edad ingrata —Lo que pienso es que con el señor Longdon te conduces de un modo notable —comentó Vanderbank—, considerando por un lado todo lo que tú pareces saber y por el otro todo aquello sobre lo cual él guarda silencio. Entonces ¿qué es lo que sà dice? —preguntó el joven tras una leve pausa y quizá incluso con una leve irritación.
Nanda volvió a contemplar el entorno; doblaba, bastante cuidadosamente, su periódico. Al punto su mirada recayó sobre su mutuo amigo, quien, habiendo salido de la mansión por una de las puerta-ventanas que daban al césped, se habÃa detenido a contemplarlos desde allÃ.
—En este preciso instante dice que ya está listo el almuerzo.