La edad ingrata
La edad ingrata —¿Que por qué forcé…? —Entonces, como recibiendo una iluminación, exclamó—: ¡Tiene gracia que me preguntes… a estas alturas!
—Ah, ¿has notado que no te he preguntado hasta ahora? No obstante —agregó Van con prontitud—, sé bastante bien cuánto notas las cosas. ¿Nanda no te ha contado si ha recibido noticias o no?
—Definitivamente no. Pero no supondrás, espero, que fue para fisgonear en sus asuntos para lo que la hice volver.
Ante esto, por primera vez Vanderbank se encendió con una carcajada:
—¿«Hacerla volver»? ¡Cuánto me gustan tus expresiones!
—¿Conque, a pesar de los pesares —preguntó ilusionada—, te recuerdo ligeramente los bon temps? Oh —suspiró—, actualmente ya no tengo buenas ocurrencias. Pero por supuesto Jane y yo nos vemos… aunque tampoco con tanta asiduidad como antaño. Mediante Jane es como he tenido noticias sobre lo que ella llama sus «jovencitos». Es tan chocante pintar a Mitchy como un jovencito. Él está tan viejo como la eternidad, y su esposa, que ayer mismo tenÃa unos seis años, en la actualidad tiene unos cuarenta a efectos prácticos. Y también he visto a Petherton —agregó la señora Brook— tras su regreso.
—Su regreso ¿de dónde?