La edad ingrata
La edad ingrata —Y bien, ¿de qué esta vez? —preguntó divertido Vanderbank al quedarse ella sosteniendo la nota.
—Huy, de aún más negras profundidades. Pero es que la pobre Jane… claro está que al fin y al cabo es humana. Está fuera de sà por una cosa y por otra… pero si quiere ser coherente no puede manifestarlo. HabÃa insistido tantÃsimo en haber logrado con la ayuda de Petherton instruir a Aggie para ser una femme chamante…
—…¿que ya es demasiado tarde para denunciar que ahora la ayuda de Petherton es superflua? En tal caso, ¿quieres decir que él es tan bestia que después de todo lo que Mitchy ha hecho por él…? —Ante aquella creciente imagen, Vanderbank se interrumpió por simple repugnancia.
—Yo lo creo muy capaz de considerar con una magnÃfica insolencia de egoÃsmo que lo que más ha hecho Mitchy habrá sido volver accesible a Aggie de una forma que (por decoro y delicadeza naturalmente, cosas de las que Petherton se ufana con prolijidad) desde luego ella no podÃa ser cuando soltera. Su casamiento lo ha simplificado todo.
Vanderbank asimiló todo aquello:
—¡Eso de «accesible» es muy bueno! Entonces (y es a lo que me referÃa hace unos instantes), ¿ya Aggie se ha vuelto asÃ?