La edad ingrata
La edad ingrata —Los Poetas Británicos —contestó de inmediato Nanda— me fueron regalados por el señor Longdon, quien me ha regalado todos los libros buenos excepto unos cuantos (los que están ahà en la fila de arriba) que me han sido regalados en diferentes épocas por el señor Mitchy. El señor Mitchy me ha enviado también flores, al igual que el señor Longdon. Y esta tarde (ya que hemos hablado sobre si los he visto) tengo cita con ambos; no con los dos juntos, sino con el señor Mitchy a las 5.30 y con el señor Longdon a las 6.30.
Ella habÃa hablado como con deliberada celeridad, compensando a base de una veloz exposición completa de su propio caso lo que todavÃa no le habÃa sido posible decir. Asimismo fue patente que se disponÃa a proseguir con más; pero con una carca jada su visitante actual ya habÃa recogido sus palabras:
—¡Has planificado tu jornada a lo grande y nos manejas como si fuéramos los trenes de una compañÃa de ferrocarriles! —Él consultó su reloj—. En tal caso, ¿podrás concederme atención a mÃ?