La edad ingrata
La edad ingrata Él recogió aquellas palabras con mayor gravedad:
—¿Qué entiendes por oportunidades? ¿Que te marchas? ¡Eso aumentará el atractivo! —exclamó al no ofrecer ella una respuesta.
—Habré de esperar —contestó la muchacha por último— antes de decirte con certidumbre qué voy a hacer. Está todo en el aire… y sin embargo creo que lo sabré hoy. Veré al señor Longdon.
Mitchy se extrañó:
—¿Hoy?
—Se presentará aquà a las seis y media.
—¿Y entonces lo sabrás?
—Vaya… él lo sabrá.
—¿El señor Longdon?
—Al señor Longdon me referÃa —dijo ella tras un instante.
Mitchy sacó su reloj:
—En ese caso ¿voy a estorbar?
—Aún queda una barbaridad de tiempo. Debes tomar el té. En todo caso tú ya sabes —continuó la muchacha— qué entiendo por las oportunidades que tendrás.
Ella ya le habÃa preparado su té, que él asió a la par que decÃa:
—¡Esta tarde has encontrado un hueco para cada uno!