La edad ingrata
La edad ingrata —¡Oh, hay suficiente para todos! —La señora Brookenham no abandonó el tono que habÃa asumido—. Siempre está convidándonos… a dulces, restaurantes y palcos de ópera.
—A mà nunca me ha convidado a nada —declaró la duquesa con satisfacción.
La señora Brookenham guardó silencio unos instantes. Y comentó:
—Lord Petherton ejerce la administración de algunos de esos convites. Nunca en toda su vida, me parece, habÃa hecho tantÃsimos regalos.
—¡Ah, entonces es una vergüenza que servidora no haya recibido ninguno! —Tras lo cual, antes de llegarse hasta la puerta, la duquesa cambió de asunto—: Dices que ya nunca traigo aquà a Aggie. Si lo deseas volveré a traerla.
La señora Brookenham se quedó maravillada:
—¿Quieres decir hoy?
—SÃ, en cuanto la haya recogido. Asà tendré algo que hacer con ella hasta que la señorita Merriman pueda volver a hacerse cargo.
—De mil amores, queridÃsima; tráetela. Y creo que ella deberÃa tratar al señor Mitchett.
—¿Debo también ir a buscarlo a él, en ese caso?
—Oh sÃ: te animo a correr ese riesgo.