La edad ingrata
La edad ingrata Cuando apareció el señor Brookenham, su esposa fue rauda:
—Ella vuelve ahora mismo para poder ver a Lord Petherton.
—¡Ah! —se limitó a decir él.
—Hay algo entre ellos dos.
—¡Ah! —repitió simplemente. Pero por parte de él habrÃan hecho falta muchas exclamaciones semejantes para que representaran algún ánimo de respuesta al modo de ver de cualquiera que no fuese su esposa.
—Ya antes habÃa habido cosas —insistió ella—, pero yo no estaba segura. ¿No sabes que a veces servidora tiene un destello?
