La figura de la alfombra
La figura de la alfombra —¿No cree usted que deberÃa, aunque sólo fuera un poquito, ayudar al crÃtico?
—¿Ayudarle? ¿Acaso he hecho otra cosa con cada trazo de mi pluma? ¡Les he estado gritando mi intención a sus grandes rostros inexpresivos!
Al decir esto, volviéndose a reÃr, Vereker posó su mano en mi hombro para mostrar que la alusión no se referÃa a mi aspecto personal.
—Pero usted habla de los iniciados. Debe por lo tanto haber una iniciación, ¿no?
—¿Y qué otra cosa, en nombre del cielo, se supone que tiene que ser la crÃtica?
Me temo que también quedé azorado al oÃr esto; pero logré protegerme insistiendo en que en su descripción del tesoro escondido que habÃa en sus libros echaba de menos uno de esos datos que permiten conocer las cosas al hombre corriente.