La figura de la alfombra
La figura de la alfombra —En cualquier caso —continuó— puedo hablar de lo que a mà me pasa: hay en mi obra una idea sin la cual toda mi tarea me hubiera importado un comino. No existe intención que la supere en belleza y plenitud, y su aplicación ha sido, creo, un éxito de la paciencia y la habilidad. Yo deberÃa dejar que fuera otro quien lo dijera; pero aquà estamos hablando precisamente de que no hay nadie que lo diga. Mi pequeño truco se encuentra en cada uno de los libros y todo lo demás no hace relativamente sino jugar sobre su superficie. Quizás algún dÃa el orden, la forma, la textura de mis libros constituirán para los iniciados una representación completa de ese detalle. Pero eso es naturalmente lo que el crÃtico tendrÃa que buscar. Me parece —añadió mi visitante sonriendo— que es incluso lo que el crÃtico tendrÃa que encontrar.
Esto parecÃa verdaderamente una gran responsabilidad:
—¿Usted lo llama un pequeño truco?
—Sólo porque soy modesto. En realidad es un plan exquisito.
—¿Y usted sostiene que ha logrado realizar este plan?
—El haberlo realizado es lo único en esta vida que me hace tener cierta buena opinión de mà mismo.
Hice una pausa.