La figura de la alfombra
La figura de la alfombra —No, me avergüenza decir que ella quiere tenderle una trampa. DarÃa cualquier cosa por verle; dice que necesita otra pista. Se siente bastante pesimista. Pero tiene que jugar limpio: ¡no le verá! —añadió enfáticamente.
Yo pensé que quizás incluso habÃan discutido algo sobre esta cuestión. Mi sospecha me pareció en parte confirmada por el modo en que más de una vez exclamó en mi presencia:
—Es increÃblemente libresca, ¿sabes? ¡Fantásticamente libresca!
Recuerdo que dijo de ella que sentÃa en cursiva y pensaba en mayúsculas.
—Ah, pero cuando lo tenga en tierra —dijo también—, entonces sà que llamaré a su puerta. Tenlo por seguro. Lo oiré de sus propios labios: «¡Exacto, muchacho; esta vez lo has logrado!». Me coronará vencedor con el laurel de los crÃticos.